jueves, 29 de octubre de 2015

Cuento Gloranthano para Halloween.

Buenas noches.
Lean esto a oscuras, por favor. ;D
He intentado escribir un pequeño cuento cercano al espíritu de esta festividad pero en un entorno bastante extraño. Y fue así, como en un sueño, mi mente conectó con los recuerdos de un guerrero a mundos de distancia de este.

- No debímos pasar allí la noche. ¡Era de locos!, ya entrada la estación oscura, durante la semana de la muerte, la noche del día salvaje. La primera nevada fuerte había cubierto el mundo con el manto gélido de Valind. Ni las pieles ni la hoguera que encendimos, apilando buenos tocones de leña, nos quitaba el frío del cuerpo. Pero algo se debía hacer, no se puede dejar creer a los extranjeros que eres un ternero indefenso, que se oculta cuando atacan la Tula.
Las tierras sagradas del clan habían sido regadas con sangre joven. ¡Pobre chico!, el hijo mediano de Venharl, hubiera pasado el rito de madurez el año próximo. Cuando no volvió con las reses al corral esa tarde, imaginamos algo malo. El espíritu guardián del clan no pudo alertarnos, estaba muy debilitado, concentraba su poder protector en los más enfermos.
Pensamos que los perros saqueadores kitori habrían robado las reses y secuestrado al chico para pedir un rescate. Lo que encontramos fue peor. Todos los animales estaban a salvo bajo un abrigo rocoso pero, nadie los vigilaba. Una de las reses nos mugía salpicada con sangre que no era suya. Cerca de allí, manchando la nieve de rojo, un pequeño charco congelado al lado de la vara del muchacho. Ni rastro del cuerpo y las únicas pisadas, las del chico, las reses y las nuestras. ¿Qué bestia ataca al pastor y perdona a los animales?
Las grandes criaturas aladas que conocemos hubieran atacado sujetando a su presa contra el suelo, matándola antes de llevársela, habría signos de lucha en la nieve. Todo era muy extraño para nosotros. Volvimos con las reses y contamos lo hallado. Su familia no quiso escuchar nuestras palabras. El padre, Venharl y Dolenharl, el hermano mayor, locos de dolor, elevando juramentos a Humakt, dios de la muerte, cabalgaron en busca de algún extranjero de paso a quién matar para vengar al muchacho.
Otros thanes fueron enviados a recorrer los límites de la Tula buscando enemigos. Los demás, esperamos la decisión del Anillo del clan. Los más ancianos y los más sabios hablaron buena parte de la noche.
Al alba, el solitario calor de Elmal no era capaz de fundir el hielo y, por momentos, las oscuras nubes extinguían su luz. Se pensó que el chico habría encontrado a algún soldado perdido dirigiéndose al sur. Sin enemigos, una vez tomada Murallas Blancas, merodean sin nada que hacer. Le matarían, robarían y ocultarían su rastro.
Nada se supo del padre o el hermano en la mañana del día salvaje.
Nos encargaron vigilar las zonas de paso, repartidos en pequeños grupos, cada uno con su cuerno de alarma. Mientras, los cazadores llamaron a los poderes de Odayla, hablaron con sus linces, compañeros de caza, y salieron en busca del cuerpo del muchacho.
Nosotros cuatro sumábamos bastantes inviernos, nos era familiar el contacto con la muerte. Nos enviaron al paso de la Cañada del Viento Aullador, aunque, desde la victoria de las tropas de la Luna Roja, los vientos de Orlanth habían dejado de soplar y nada sonaba allí, salvo nosotros mismos. Nuestras lenguas volaban del profundo temor al coraje del guerrero, de la súplica a nuestros antepasados al destino glorioso. Si los asesinos eran soldados del imperio, podrían alejarse para no volver jamás. Se contaba que algunos de ellos invocan terroríficos poderes de sus retorcidos dioses y que los demonios acompañan a sus ejércitos. Por otro lado, conocíamos bien a los kitori y a sus temibles aliados, los trolls. Una de sus brujas, con los poderes de la oscuridad y la noche, podría hacer desaparecer a cualquiera. Y todos sabíamos que los trolls se comen los cuerpos de los enemigos. Quizás planeaban un ataque mayor y el chico los sorprendió.
Bolkhos Lobogris así lo esperaba, tenía cuentas pendientes con ellos y acariciaba su puñal de hierro cada vez que se los mencionaba. El hierro hace mucho daño a los hijos de la oscuridad y a otras criaturas mágicas, aunque pocos saben domarlo y la mayoría de nuestras armas están hechas de bronce.
Orlgeran Recioescudo también prefería a los trolls como enemigos. Leal siervo de Elmal, podía invocar el poder de la luz, igualando las cosas en las noches más oscuras. Pero, a todos nos gustaba tenerle allí por ese truco que conocía para secar la madera mojada. Alimentar bien aquel fuego nos mantenía a todos más tranquilos y menos helados.
Vinkarela no debía preocuparse por eso, no paraba quieta. La llamaban la Roja, no solo por el color de su pelo, había combatido en el norte tras la invasión del imperio. Era una guerrera fiera y alegre, nos retaba constantemente, conseguía que nos esforzáramos más intentando superarla.- "Si un día abandonara el rojo, le haría saber lo que siento" -pensaba yo, mientras observaba sus idas y venidas a lo alto del cerro.
No me sentía muy confiado desde que cesaron los vientos y dejamos de sentir los poderes de Orlanth. El Señor de la Tribu de las Tormentas ya no estaba pero, al inicio de todas las cosas, durante la Gran Oscuridad, otros guerreros leales, con poderes propios, defendieron la tribu en su ausencia.
El día pasó lento, la calma era total, nada nos hizo sospechar lo que ocurriría esa noche. No lo olvidaré mientras viva.
Comencé cuidando del fuego mientras los demás dormían. El primer sonido quejumbroso me pareció el viento soplando entre las rocas. Incluso sentí esperanza al pensar que los vientos de Orlanth retornaban pero, no fue eso lo que escuché. Pronto volví a oirlo tras de mi, giré asustado empuñando la espada. En los límites de mi visión descubrí al chico, herido pero en pie, con sangre en la cara y las manos.- "¡Dreskal, muchacho, estás vivo!" -exclamé antes de entender que estaba equivocado.
Otros susurros por el lado contrario y dos figuras más, Venharl y Dolenharl, ensangrentados, pálidos, quietos, con una mirada de terror, igual que el muchacho. La voz me falló pero, acerté a mirar hacia mis compañeros, estaban despiertos y en silencio, también los veían. Otra figura más se unió a la visita nocturna, uno de los cazadores del clan, con la misma expresión que los tres primeros. Su lince fue el que más nos sobresaltó; dos ojos brillantes al principio, atravesó corriendo el campamento. Todos nos pusimos en guardia pero, el animal, herido por un zarpazo y cubierto de sangre, desapareció en la noche. Al encararnos a los otros, se desvanecieron entre lamentos. Nos dejaron solos, en absoluto silencio. Tardamos en hablar, esperando escuchar algo más. El frío punzaba nuestra carne, aún pegados a la vera del fuego, vimos el hálito de vida escapando de nuestras bocas. Sentímos la presencia de la muerte en aquel lugar.
Decidimos que, si aparecieron de aquel modo, podíamos asegurar que habían muerto y que, sus cuerpos, no estarían lejos. Los buscaríamos con la luz del día. Debíamos retomar las guardias y, los que pudieran, conciliar el sueño. No tuvimos ocasión.
El repentino quejido apagado de Bolkhos nos llamó la atención. Estaba allí parado, sin moverse, con el dolor dibujado en el rostro, algo salía de su pecho. Cayó al suelo pesadamente dejando ver la figura de su asesino. Un extranjero de finos ropajes oscuros empuñaba una cimitarra bañada en sangre. El asombro dejó paso a la rabia, ataqué con furia gritando el nombre de mi amigo. Sus movimientos eran raudos y precisos, su cuchilla refulgía en color rojizo, pasó muy cerca varias veces, sentí el agudo dolor de sus cortes. Él me miraba con sonrisa feroz, dientes grandes, cara pálida y unos ojos negros que no tenían fondo.
Orlgeran suplicó la ayuda de Elmal que envió su luz, iluminando más lejos y con más claridad que la hoguera. Al extranjero pareció molestarle, su piel exhalaba vapores, y aproveché para asestar una estocada mortal, hundiendo mi espada en su cuerpo. Me miró divertido mientras agarraba mi brazo con fuerza atroz y, de una patada, me hizo caer de espaldas. Sacó mi espada de su cuerpo y la lanzó entre la maleza. Vinkarela, imbuida con los poderes de Vinga, saltó implacable hacia el enemigo. El extraño evitó los repetidos ataques de la guerrera como quién juega con un niño torpe, alejándose de Orlgeran hasta la linde entre la luz y la oscuridad.
Algo cayó en tierra cerca de mí, observé como Bolkhos, antes de rendirse a su destino, me había arrojado su puñal de hierro. Lo cogí ocultando su filo con mi antebrazo y me incorporé para coger el hacha. Orlgeran preparaba su arco y Vinkarela lo hacía retroceder.
Con uno de sus inesperados movimientos, la guerrera vingana golpeó la cimitarra refulgente desarmando al intruso, haciéndole caer. Saltó sobre el asesino indefenso, dispuesta a rematarlo pero, la confiada mujer fue engañada. Antes de asestar su golpe, un ataque fugaz del extraño, usando sus propias manos como garras, destripó a la valiente guerrera salpicando la nieve de sangre y jirones. Ella me miró con el horror en su rostro, sujetando sus tripas, conocedora de su final, y yo no pude hacer nada, la desesperación me arrebató el aire que respiraba.
Orlgeran soltó y su flecha voló estallando en llamas antes de alcanzar a ese inhumano ser. El proyectil flamígero impactó en su brazo, haciéndole gruñir de dolor por primera vez. Se lo arrancó angustiado. Orlgeran preparó otra flecha, yo solté el hacha y escogí un tronco encendido de la hoguera. Ese demonio murmuraba en su lengua cuando el guerrero dejó volar el segundo dardo llameante. Sin embargo, un estallido de humo y vapores precedió al impacto, nos dejó confundidos.
El sonido borbotante de alguien ahogándose me hizo mirar al guardián de la luz, la sangre manaba de su boca y garganta, cayó en la agonía de sus últimos instantes. Tras él, esa criatura de semblante humano, envuelta en una vaporosa nube, se deleitaba ante su triunfo. Pretendió acabarlo rápido pero interpuse la antorcha y frené su acometida. Estaba en lo cierto y dejé que la hoguera guardara mis espaldas.
Ante esa tenue esperanza, lancé un estacazo con la tea encendida pero, el tronco se partió en el brutal golpe contra su brazo. Indefenso ya, me agarró del cuello y levantó mi peso sin esfuerzo, como si fuera una pequeña liebre. Abrió la boca, sus colmillos crecieron aún más, dispuesto a darme un horrendo final.
Esa era mi única oportunidad, sujeté con firmeza el puñal de Bolkhos y lo hundí en sus costillas. El demonio gritó, el hierro le quemaba, soltó mi cuello pero, de un golpe, me lanzó lejos. Seguí agarrando el hierro humeante, luchando por no perder el sentido.
Cuando desperté, la luz de Elmal seguía bañando el lugar, la hoguera encendida y el puñal en mi mano. Esa burla de vida no se había atrevido a acercarse de nuevo, sus heridas eran serias y permanecer dentro de la cúpula de luz brillante lo debilitaba.
Vinkarela, Orlgeran y Bolkhos me observaban en silencio con semblante serio, leí el reproche en sus ojos, antes de hundirse en la oscuridad de la noche. No reflejaban el horror de sus muertes si no la demanda de venganza.
Los cuerpos de Bolkhos y Vinkarela fueron arrastrados y mostraban una nueva herida, les había mordido en el cuello, quedaron tan pálidos como la nieve.
Soplé el cuerno con todo mi ser y grité de rabia en la noche.

Los tratamos con el respeto debido a los guerreros caídos en combate. Conté la historia a todo el que quiso escucharla. Aquel paso fue llamado la Cañada de las Almas sin Tregua, pues se aparecerán una vez al año, la misma noche, hasta que su asesino pague por sus muertes. En nuestra tribu, esa noche tomó el nombre de la Noche de los Muertos.
El engendro, ni vivo ni muerto, fue rastreado pero, no volvió a atacar en estas tierras, aunque escuchamos de unas desapariciones al sur. Tiempo después aprendí que, estos seres, existen en gran número en otros lugares.

Me llamo Heothal, espada de Humakt, Thane del Clan Halovini de la Tribu Curtali. Fue por estos hechos que os he relatado, que me convertí en Portador de Muerte y emprendí mi viaje. Un juramento de venganza me ata contra el asesino que no está vivo ni muerto.
Si alguien se anima a escribir algo y subirlo a su blog, un cuento de tintes jalowineros en una ambientación ajena, que no eleve mucho el nivel que tampoco voy a dar ningún premio ;D

Feliz Halloween!

4 comentarios:

Runeblogger of the Runeblog dijo...

¡Muy bueno! Me ha gustado mucho la épica del relato y los pequeños detalles sobre los dioses y los conjuros que usan los personajes. Al terminar el relato, me ha venido a la cabeza una de las escenas del videojuego "King of Dragon Pass". Ojalá te animes a contarnos más historias de Heothal. :-)

Thorkrim dijo...

Me alegra que te haya gustado :)
La intención era aunar las referencias gloranthanas con las terroríficas. ¡Y no he usado la palabra con V! xD
Si vuelvo a recibir algún otro recuerdo de Heothal, alguno que sea entretenido de leer, intentaré escribirlo sin que pierda demasiado en la traslación. ;P

Bolangera dijo...

Ooooooh, nivelazo épico!!!

Con detalles y buen ritmo, la historia te atrapa.

Queremos saber más de tu protagonista ;-).

Thorkrim dijo...

¡Bieeeen! :P
¡Gracias por leer y comentar! :)

¡Uy, ya es diciembre!

Parece que el Destino ha tejido un plan que cruzará la venganza de Heothal con asuntos mucho más elevados. Veremos cuando las brumas del sueño nos revelen otras realidades.